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Ago 30 2015

La muerte (II) – ¿por qué la tememos?

La muerte es, en efecto, un enorme misterio; pero de ella se pueden decir dos cosas: es absolutamente cierto que moriremos y es incierto cuando y como moriremos

Sogyal Rimponche

Paso muerteEn la entrega anterior comentamos que la mayoría de la gente vive con temor a la muerte y afirmábamos que uno de los motivos eran los dogmas inculcados por las Iglesias denominadas Universales por causa de una interpretación sesgada y conveniente a sus deseos de poder y control sobre los fieles. No es, sin embargo, la única razón y aquí vamos a comentar algunas más.

No conocer cuando moriremos sirve de excusa para no afrontar la muerte. Siempre se mueren otros. Estamos sanos. Estamos fuertes y lo dejamos pasar. En cierto modo es lo normal porque todos poseemos el instinto de vivir y así nos han educado; pero de repente enfermamos o tenemos un accidente y nos damos de cara con la muerte sin estar preparados y surge la pregunta: ¿y ahora qué?

Uno de los factores que más contribuyen a este miedo es que no sabemos quién somos en realidad. El mundo moderno nos ha creado un avatar de lo que somos. Nos ha dado un nombre, un trabajo, una familia, amigos…nos ha creado una identidad y creemos que eso es lo que somos. Sin esa identidad prefabricada no somos nada y a eso es a lo que tenemos miedo: a no ser nada. Sin nuestros documentos de identidad, sin nuestras tarjetas de crédito, sin nuestros diplomas, no somos nadie. No existimos para la sociedad y, naturalmente, todo eso lo perdemos al morir. Dejamos todo atrás. Sobre todo nuestro cuerpo material, aquello con lo cual nos hemos identificado siempre, y pensamos: “es el fin, se acabó”.

Los que se quedan no lo llevan mucho mejor. Entierran el cuerpo lo mejor que pueden, con las mejores galas, adornan el sepulcro, ponen una placa con el nombre del difunto, tratan por todos los medios de mantener “vivo” el recuerdo como en una especie de catarsis, como diciendo: “No ha muerto del todo. Sabemos dónde está. Está aquí

Nos engañamos a nosotros mismos porque también tenemos miedo a desaparecer y deseamos tener “una casa eterna” que haga que sigamos “existiendo” entre los vivos. Pretendemos “vivir” entre los vivos cuando ya estamos muertos. ¡Qué absurdo! Somos ya seres inmateriales ¿por qué agarrarse a la materia? La respuesta es muy simple. En primer lugar porque así nos lo han enseñado, el muerto no sirve de nada a la sociedad. Aun habiendo sido famoso, inventor, sabio… muerto ya no es útil; ocultamos su muerte recordando lo que hizo – y nada malo hay en recordar y aprovechar sus hechos – pero no lo hagamos para ocultar su muerte.

En segundo lugar, nadie nos ha explicado lo que somos en realidad. Nadie nos ha dicho que somos un ente espiritual eterno encarnado en un cuerpo material mortal. No sirve para nada explicarlo en la sociedad moderna, no es útil, no ayuda a su evolución. Al menos no desde el punto materialista de la misma. Por otro lado, nosotros mismos estamos materializados y vemos el preocuparnos por saber lo que somos como una pérdida de tiempo, de nuestro valioso tiempo. El tiempo es oro y no podemos perderlo en tonterías. Hay que trabajar duro, labrarse un nombre, darse a conocer, buscar el éxito…en definitiva, crear esa biografía, ese personaje sin el cual no somos nada en el mundo y así nos engañamos hasta que la cruda realidad nos golpea al morir y privarnos de todo ello.

Somos seres inmortales. El mundo material es efímero. Nuestro personaje terrestre puede ser visto como el personaje de una obra de teatro. Somos actores. El personaje muere al final de cada representación; pero el actor sigue viviendo. Si aceptamos esto tan fácilmente porque no hacemos lo mismo cuando se trata de la obra de nuestra vida. No somos el personaje material de habita la Tierra sino el actor espiritual, inmortal, que da vida a ese personaje en la vida terrenal.

Aceptar lo que somos en realidad nos ayuda a no temer la muerte. Ya no importa perder todo lo que hemos creado en la vida porque no somos eso en realidad. No se trata de no trabajar, de no tener un nombre, de ser alguien en la vida. Se trata de comprender que no pasa nada por perderlo porque lo que somos realmente seguirá a serlo. Y comprender esto no es perder el tiempo; desde el punto de vista social producirá mejores ciudadanos, ya no será necesario pisar a los demás para subir más y más alto y ser alguien mejor; ya no necesitaremos pensar solo en nosotros mismos porque todo eso es perecedero. Una sociedad que acepta la muerte, que comprende lo que somos en realidad es una sociedad perfecta para cultivar la fraternidad y la caridad hacia los demás porque para eso precisamos evitar la competitividad compulsiva en la cual vivimos y “perder” el tiempo en cosas que aparentemente no sirven para nada.

 

Próxima entrega: La muerte (III) – Afrontar la muerte

Sobre el Autor

Mario Lopez

Nacimiento: 9 de octubre de 1968
Estado civil: Casado
Domicilio: Galicia - España


Creyente: Si, creo en la existencia de un Ser Superior y en la inmortalidad del Alma
Religión: Ninguna en particular pero me convence muchísimos las ideas Espiritistas Kardesiana

Masoneria
Maestro masón bajo Obediencia de la Gran Logia de España
Logia capitular bajo obediencia del Supremo Consejo para el Grado 33 de España
Maestro masón de la Marca (Districto de España)
Nauta del Arca Real
Compañero del Arco Real de Jerusalén
Grados Crípticos (Super excellent master)

1 comentario

  1. Arnaldo vera

    La muerte simplemente es dejar este mundo de acuerdo a tu evolución espiritual, por un tiempo para otra vez reencarnar, o liberarte de las siete capaz espirituales que tienen atrapado al espíritu en este planeta esto puede lograrse en 700 a 1500 vidas, todo dependerá del karma y darla.

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