May 25 2016

Gnosce te ipsum

“Hombre conócete a ti mismo y conocerás al
Universo y a los Dioses”

Tales de Mileto wn002189_2000x1379es considerado el primer filósofo de occidente y en la época antigua se le tenía como uno de los siete sabios de Grecia . Se cree que Tales es el autor del aforismo Gnosce te ipsum  que fue grabado en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. Históricamente no se puede asegurar la autoría y algunos otros sabios han sido señalados como posibles autores de la famosa frase, entre ellos, Heráclito , Quilón de Esparta, Sócrates, Pitágoras o Solón de Atenas. De lo que no cabe duda alguna es que el aforismo fue escrito en griego y no en el latín que conocemos y en la profundidad del mensaje encerrado en tan pocas palabras. Saber que el original es griego y se escribe γνῶθι σεαυτόν no deja de ser una anécdota, lo realmente importante es su mensaje.

Gnosce te ipsum. Conócete a ti mismo. ¿Quién soy? Pues soy yo, me llamo fulanito o menganito, trabajo en tal sitio, casado…..no, en serio ¿De verdad te crees que si solo fuese eso un sabio se habría tomado la molestia de escribirlo en el frontispicio de un templo dedicado al dios Apolo? La razón y la inteligencia nos dice que no.

Tampoco es conocer que somos un conjunto de células, huesos, órganos, carne… que se mueve de un lado para otro. Lo que se trata es de conocer lo que somos realmente, más allá de todo lo racional, de toda sospecha, de toda suposición. Es profundizar en el interior mismo de nuestra naturaleza para descubrir quién y que somos. Este es el primer y más importante paso que ha de dar el iniciado. Si quieres pasar de la oscuridad a la Luz precisas conocer quién eres en realidad. Precisas saber quién eres, de dónde vienes y a dónde vas. Las tres preguntas que todo escuela iniciática plantea a sus iniciados y que solo tú, el iniciado, puede descubrir. El primer y más importante paso nadie puede darlo por nosotros.

Todos, en algún momento de nuestra existencia, nos hemos planteado las tres famosas dudas existenciales o variantes como  qué hago aquí, qué sentido tiene mi vida, que tengo que hacer en esta vida y, normalmente, nos hemos quedado sin la respuesta. En ese momento nos hemos dado cuenta de que somos algo más, mucho más que un ser humano de nombre tal o cual, que vive en sociedad y realiza un trabajo determinado. Presentimos una esencia interior que nos llama. Una esencia que nos dice que formamos un todo perfectamente engranado con el Universo. Nuestra consciencia, nuestra mente objetiva, se aparta dando paso a nuestro subconsciente y nos comenzamos a intuir lo que somos en realidad.

El mundo real deja de tener la importancia que tenía. Todos somos iguales y…surge de repente el egoísta razonamiento objetivo. En el mundo real somos alguien, puede que alguien importante, con poder y aceptar que somos parte del Universo nos diluye como una gota de agua en el inmenso Océano. Nos asustamos, Negamos a nuestro subconsciente. Lo catalogamos como alucinación y regresamos a los brazos engañosos pero agradables de nuestra vanidosa mente objetiva.

La mayoría vuelve a su comodidad pero sigue sin saber quién es, sin comprender que hace en este mundo, si hay vida o no después de la muerte. O peor aún, lo sabe, lo ha intuido; pero se niega a aceptarlo sacrificando la VERDAD por su cómoda verdad. ¡No hay más ciego que el que no quiere ver!

Unos pocos despiertan y dan el primer paso en el camino. Un camino estrecho y difícil que obliga cada día a perseverar en el mismo. El premio final es demasiado jugoso como para ponerlo al alcance de quien no lo merece. El premio es saber quién eres, conocer que el microcosmos es equivalente al Macrocosmos, conocer que eres inmortal como los dioses.

Somos realmente un espíritu inmortal dentro de un cuerpo humano mortal. Somos un espíritu libre, puro y luminoso más allá del tiempo y el espacio.  Somos un espíritu hecho a imagen y semejanza del Creador. Si quieres conocer a tu Creador mira a tu interior: Gnosce te ipsum.

Maestro ¿quién es Dios? – le pregunta un discípulo a Confucio  y el maestro responde “ Y tú ¿quién eres tú? Si ni siquiera sabes quién eres tu realmente, como pretendes conocer a tu Creador

Conocernos es un camino de equilibrio. Somos un espíritu inmortal en un cuerpo mortal. Somos el todo, no podemos separar el uno de lo otro, hemos de convivir con ambos y aprender de ambos.

Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Es la vida. Nadie puede cambiar esto. Podemos decir que es el camino fácil. Creemos que es así y que nada más simple que todo esto. Lo sabemos todo. El mundo está aquí, nos rodea.  ¡Ignorante hombre que ignora hasta lo que ignora!

Aceptar lo que somos no es fácil. Aceptarlo es un camino ascendente hacia la Luz. Es renacer a la auténtica realidad y dar cumplimiento a la sagrada enseñanza que nos dice

“De la oscuridad a la Luz, de la ignorancia a la Verdad, de la muerte a la Inmortalidad”

Pero no caigamos en el error del anacoreta que se aísla del mundo. Es necesario vivir en ambos mundos, seguir ambos caminos. El iniciado precisa pisar ambos caminos. Ambos caminos son necesarios. Tenemos que vivir en el camino horizontal. No podemos negar nuestra parte mortal, dejar de servir a la sociedad. Tenemos que vivir también en el camino vertical o ascendente. No podemos negar nuestra parte inmortal. No podemos olvidar que el verdadero trabajo espiritual es servir a los demás en el “mundo real”.

No creo que exista mejor símbolo para representar al iniciado auténtico que la cruz de los Rosacruces. La Cruz son dos líneas que se cruzan en el centro. Una horizontal que simboliza el camino horizontal, el mundo material. Una vertical que simboliza el camino vertical, el mundo espiritual. Justo en el punto de cruce los Rosacruces sitúan su rosa. La rosa de su interior. Su quintaesencia que representa la necesidad de estar en ambos caminos a la vez. Es la muerte de ambas vidas y el  nacimiento en la Luz.

Tú que me lees. ¿Quieres conocer el Universo y los Dioses? Entonces dirige tu mirada al frontispicio del Templo de Apolo en Delfos y lee el aforismo de los Sabios:

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