Jul 03 2016

Estudio del Ser Humano ( 1 de 4) – El cuerpo

NOTA: Esta serie de trabajos se basan en lo expresado en la obra de Francisco Redondo Segura “La Luz Diamantina”. Libro gratuito y que pueden descargar desde https://hermandadblanca.org/libro-la-luz-diamantina-de-francisco-redondo-segura/ 

No soy un cuerpo con un Espíritu, soy un Espíritu encarnado en un Cuerpo”

 La mayoría de los estudios esotéricos acerca del Ser Humano se centran en serhumano 1el estudio de los diferentes cuerpos del hombre y nos hablan del cuerpo etérico, del astral o del cuerpo mental, por poner unos ejemplos. Estudiar dichos cuerpos, qué son y porqué existen no es nada malo, más bien todo lo contrario; pero es un estudio incompleto del Ser Humano. Como mucho podríamos decir que eso es el estudio del Cuerpo Humano; pero el Ser Humano es mucho más que Cuerpo. El Ser Humano es Cuerpo, Alma y Espíritu.  

Esta serie cuyo comienzo estás leyendo en estos momentos tiene como finalidad el estudio del Ser Humano en su conjunto y solo nos pararemos un poquito en el estudio de los Cuerpos dada la gran bibliografía existente ya sobre el tema. Los diferentes Cuerpos no son más que vehículos – trajes a medida – que permiten al Ser Humano manifestarse e interactuar en los diversos planos de la realidad; por lo tanto existen tantos cuerpos como planos.

La primera pregunta que todo iniciado suele hacerse es si la división en Cuerpo, Alma y Espíritu es correcta. La respuesta es SI y NO a la vez. Cada escuela ha adoptado su división y, al igual que en el estudio de los Cuerpos, se asocia uno a cada plano de realidad. Si para unos existen siete planos de realidad, para otros existen 9 ó 5 y, consecuentemente, lo mismo sucede en el caso que tratamos. Estas divisiones se deben a diferentes interpretaciones y a la limitación del lenguaje humano.  Si analizamos todo con calma vemos que cambia la presentación pero no así el fondo donde, básicamente, se dice que tenemos una parte material, una parte espiritual y otra parte que hace de intermediaria entre ambas.  La Teología Cristiana, en la persona de San Pablo, por ejemplo, nos dice que el Ser Humano se compone de Cuerpo, Alma y Espíritu. Los místicos ocultistas también adoptan esta misma división. No obstante, para la mayor parte de la gente, Alma y Espíritu es la misma cosa, no conocen su naturaleza ni son capaces de diferenciarlas. Vamos a intentar poner remedio a ello; pero como en todo estudio de lo desconocido nos encontramos con la limitación de nuestro propio lenguaje, orientado a los conceptos del mundo físico más que a los sutiles y espirituales. Definir conceptos como ego, Alma, Espíritu…logrando una compresión total y clara por parte del oyente o lector no suele ser tarea fácil.

Regresando a San Pablo, las citas que indican su creencia en tres elementos (Espíritu, Alma y Cuerpo) son las siguientes: (1 Cor. 14:14-15, Tito 1:15, Ef. 4:23, Heb. 8:10, 1 Tes. 5:23, Heb. 4:12, 1 Cor. 15:45, 2 Tes. 2:2 ). Vamos a ver tres, entre las cuales está la más importante y clara.

Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente; cantaré salmos con el espíritu pero también los cantaré con la mente” (1 Cor. 14:14-15).
Para los limpios todo es limpio; más [sic] para los contaminados y no creyentes nada es limpio, pues su mente y conciencia están contaminados (1 Tito 1:15)

y la más clara de esta visión tripartita del ser humano:

Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo se conserve sin mancha…” (1 Tes. 5:23)[1]

Así pues, aceptaré dicha división por ser la más cómoda para mí, no porque sea mejor o peor que otras, sino porque es también  la más conocida por mi persona y por la mayor parte de los lectores de este escrito, educados, como yo, en el sistema Occidental. Comencemos con el Cuerpo.

 

El Cuerpo  Humano no solo es carne y huesos. El hombre – como Ser – posee varios Cuerpos y si aceptamos la división del mundo en siete planos o dimensiones estaremos aceptando implícitamente la noción del Hombre Septenario; es decir, que el Ser Humano posee siete Cuerpos. Uno por cada Plano y perfectamente adaptado para vivir e interactuar en su entorno. Así tenemos un Cuerpo Físico; pero también uno Astral, Mental, Búdico, Atmico, Monádico y Divino[2]. La máxima grabada en el Frontispicio del Templo de Apolo en Delfos que pide conocernos a nosotros mismos implica ser conscientes de esta realidad: no sólo es necesario conocer nuestra fisiología física sino también la de los demás cuerpos, conocer que principios los animan, sus necesidades, sus sentimientos y los modos o medios de “comunicarse” entre ellos. Debemos tener la humildad necesaria para pasar del ¡ya me conozco! al necesito conocer quién soy realmente y acercarnos a nuestro “mundo interior”

 Hemos dicho que poseemos varios Cuerpos, cada uno perfectamente adaptado a la vida en cada Plano; pero ninguno de esos Cuerpos es realmente nosotros. No podemos confundir un traje con la persona que lo viste. No podemos confundir los Cuerpos con el Ser Humano. Del mismo modo que los trajes que usamos para cada ocasión no cambian lo que somos realmente nosotros, cada Cuerpo es como el traje apropiado para cada ocasión; para cada uno de los Planos de realidad; pero lo que realmente somos no cambia.

No voy a profundizar mucho más en el estudio de los Cuerpos pues, como ya dije, la bibliografía sobre el tema es muy amplia. Autores como Charles Leadbeater[3], H.P. Blavastky[4] o Annie Besant[5] han escrito largo y tendido sobre este particular y es sencillo encontrar sus escritos en la red.

al pieSolo tenga en cuenta que el Cuerpo es un Instrumento que debe ser afinado, educado, mejorado, modelado de tal modo que nos permita intuir y dar los pasos necesarios para ascender a Planos de Consciencia Superiores. Para lograrlo es vital estar despierto, prestar una atención serena a todo sentimiento interno y externo para poder transformar positivamente nuestro entorno, las situaciones cotidianas y mejorar, con ello, no solo a nosotros mismos sino también a toda la Creación

Notas

[1] La teología católica hace interpretaciones de este texto y niega la existencia de la misma afirmación en las otras citas. La razón de este rechazo reside en la fe en la inmortalidad del alma. Si existe un espíritu que goce de la inmortalidad, puede haber una confusión en la fe de los cristianos que creen sólo en dos componentes, según Santo Tomás: el alma y el cuerpo. Aquí accedemos a una visión distinta, pero que en nada ofende a la fe cristiana, como lo veremos.

[2] Esta nomenclatura se base en la división en siete cuerpos que suele ser la más conocida y habitual entre los místicos. Sin embargo, otros nombres y/o divisiones son posibles. De la lectura del libro la Luz Diamantina que hemos usado como base para este trabajo se puede concluir  que las ciencias herméticas o, lo que es lo mismo, los místicos, nos dicen que existen siete planos o, según la escuela, dimensiones, mundos, niveles, estratos, regiones, moradas, etc. Sin embargo, es preciso matizar que no son mundos o planos independientes sino que se interpenetran y todos juntos forman el mundo real. Una manera de entender esto que acabo de decir es por medio de un símil. En nuestro mundo no somos capaces de ver los átomos que forman el aire pero están ahí, en “su mundo”. Pero dicho mundo no está en otro lado sino unido al nuestro, mezclado con él. En otra parte del Mundo. La unión de todas esas partes, de los siete planos a los que hemos hecho referencia, forman el verdadero Mundo en el cual moramos y del que solo percibimos esa ínfima séptima parte.

[3] Charles Webster Leadbeater (Mánchester, 16 de febrero de 1854 – Perth, 1 de marzo de 1934) fue un influyente miembro de la Sociedad Teosófica, autor de libros de ocultismo y cofundador junto a James Ingall Wedgwood de la Iglesia Católica Liberal. Originalmente un clérigo de la Iglesia de Inglaterra, su interés por el espiritualismo provocó que se desafiliara de la Iglesia en favor de la Sociedad Teosófica, donde se asoció con Annie Besant. Se convirtió en un oficial de alto rango de la sociedad, pero renunció en 1906. Luego se mantuvo como un autor prolijo del ocultismo importante dentro de la Sociedad, hasta su muerte en 1934

[4] Helena Blavatsky, también conocida como Madame Blavatsky, cuyo nombre de soltera era Helena von Hahn y luego de casada Helena Petrovna Blavatsky (Yekaterinoslav, 12 de agosto de 1831 – Londres, 8 de mayo de 1891), fue una escritora, ocultista y teósofa rusa. Fue también una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y contribuyó a la difusión de la teosofía moderna. Sus libros más importantes son Isis sin velo y La Doctrina Secreta, escritos en 1875 y 1888, respectivamente. Fue acusada de fraudes y engaños deliberados a lo largo de su vida, y también de todo lo contrario: se le atribuyeron poderes mediúmnicos y clarividentes, así como la capacidad de producir manifestaciones fenoménicas consumiendo parte de su vitalidad (lo que, según algunos, acortó los años de su vida y su estado de salud). Sus escritos incluyen afirmaciones que han sido interpretadas en clave racista y antisemita, y que sirvieron directamente de inspiración a los ideólogos nazis. En realidad, al defender la teoría de la transmigración de las almas o reencarnación, Helena nunca atribuyó una esencia superior a ningún grupo humano concreto, y afirmó que es posible que un alma nazca en un cuerpo humano caucásico y que en la siguiente encarnación surja en el cuerpo de una persona negra.

[5] Annie Wood Besant (Clapham, Londres, 1 de octubre de 1847 – Adyar, India, 20 de septiembre de 1933) estudió ciencias y botánica en Inglaterra y se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Benarés, India.1 Fue educadora, investigadora, escritora, periodista, estadista y una gran oradora; fue una militante feminista, activista a favor de la independencia de Irlanda y de la India, llegando a ocupar la presidencia del Congreso Nacional Indio.

 

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