Abr 15 2017

Las Virtudes (4 de 7) – Lealtad

Cuando se habla de lealtad siempre aparece una palabra asociada: compromiso. Hablamos de compromiso de lealtad, es decir, nos comprometemos a ser leales.

El compromiso describe una obligación contraída y al empeño para cumplirla En cierto modo es la antesala del honor, de lo que se conoce como “palabra de honor” y, visto desde este ángulo, podemos decir también que el compromiso de lealtad es base ineludible para el honor.

Ser leal o poseer la virtud de la lealtad implica una voluntad que permita decidir y ordenar nuestros actos, lo cual hace necesaria la fuerza en el sentido de cumplir con unas normas de conducta o vida que permite trabajar nuestra  piedra bruta en dicho sentido.

La lealtad está reservada a las grandes personas, capaces de superar las dificultades de la vida, con la cabeza bien alta, conocedores de ellos mismos y que actúan de modo correcto siempre. Conscientes como están de su gran compromiso para con los demás. Porque ser leal no es proteger contra lo que sea a los demás. Si alguien se equivoca no se es leal tapándolo sino diciéndoselo. La lealtad no puede servir ni cubrirse con el velo de la corrupción o cualquier otro acto innoble. No podemos decir que por haber jurado lealtad a una persona vamos a permitir o estamos obligados a tapar todo lo malo que esta haga. Eso no es lealtad real.

El que es leal a una persona la defiende de todo mal que puedan hacerle y evita que esta pueda hacer mal a los demás.

Por lo dicho arriba es fácil ver que no es sencillo tener amigos leales. Un amigo realmente leal debe conocernos casi como a él mismo, debe saber dónde fallamos y nos equivocamos y tener el valor suficiente para no callarse y decirnos en donde fallamos. Somos lo que hacemos. Nos conocen por nuestros actos. Si actuamos bien seremos bien vistos, si actuamos mal nos odiarán. ¿qué mejor forma de ser leal a alguien que indicarle sus fallos antes de que sus actos modifiquen la visión que los demás tienen sobre él y puedan llegar a odiarle?

Definitivamente, la lealtad no es fácil pues a nadie gusta que le marquen sus fallos. Pero no es esta parte la más difícil de cumplir, lo más complicado es ser leal con uno mismo. Tener unos principios propios, actuar de acuerdo con ellos, modificarlos cuando vemos que son equivocados y regresar a la senda correcta no es tarea sencilla. En la sociedad actual no se fomenta la lealtad, hemos caído en el comercio y el imperio del dinero. Somos como los mercaderes que Jesús expulsó del templo. Todo vale ante el poderoso caballero llamado dinero. Por él  la gente se vende, se corrompe, cambia sus principios por los necesarios y no por los correctos, dejamos de ser leales en el trabajo, con los amigos, con nuestra familia y, al final, con nosotros mismos.

Hablamos mucho de  lo leales que somos pero ¿actuamos lealmente? La respuesta suele ser que si, pero la realidad es que no. Se supone que todo iniciado(Masón, Rosacruz, Martinista.., defiende la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Debemos ser leales a esos preceptos. ¿Somos fraternos con todos nuestros hermanos? ¿Tratamos por igual a todos los hermanos? ¿Defendemos la libertad hasta sus últimas consecuencias? Y luego extrapolemos esto a todos los ciudadanos, porque recordemos que los preceptos que se juran defender son aplicables a todo el mundo, no solo a los hermanos de la organización a la cual pertenezcamos.

La realidad nos dice que no los cumplimos. Siempre hay “excepciones”. Hermanos que nos “tragamos”, gente que no es “igual” que los demás…no aplicamos la llana, ni el nivel, ni la escuadra, ni un largo número de herramientas por las cuales medir a los demás con corrección y sin privilegios sobre nadie. Fallamos en la tolerancia muchas veces, y sin ella no es posible ni la igualdad, ni la fraternidad ni la libertad.

En resumidas cuentas, ¿somos realmente leales a nuestros principios? Mirémonos a nosotros mismos por un momento y si nos creemos mejores que los que no son iniciados algo va mal. Estaremos fallando porque no somos mejores ni peores, simplemente somos iniciados.

Y esto debemos tenerlo claro: hemos de ser leales a nuestros principios….y no es nada fácil

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