Historia, Iglesia y Masonería (3ª parte de 4)

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Historia, Iglesia y Masonería – 3 de 4

“El amor de la Reina de Saba”

Para la construcción del Templo, Hiram reunió bajo su obediencia a una legión de Maestros constructores y subordinados una armada de Compañeros y aprendices. Así, se iba edificando “sin ruido de martillos”.

Es decir, que el templo psíquico interior debe ser levantado en un ambiente de SILENCIO y meditación.

Sin el RUIDO de los prejuicios, críticas no constructivas, la incomprensión, etc… así es que la obra de los francmasones debe ser DISCRETA y sus miembros PROMETEN guardar silencio sobre los trabajos realizados.

La obra del maestro Hiram Abiff, adquirió tal renombre que sobre la faz de la Tierra que soberanos de otros reinos acudían para visitarla.

Entonces, apareció Balkis, la Reina de Saba, la más bella criatura que existía en el mundo, con la cual Salomón tenía proyectado su matrimonio.

Balkis quería antes del “sí quiero”, que el Rey le enseñase la obra edificada a la gloria del Gran Arquitecto del Universo.

El rey se opuso con toda su resistencia, pero, cedió y la llevó a ver los trabajos.

Observó la edificación en obras pero no había visto a los obreros. Tras pasar revista, quiso que llamara a los peones a pie de obra.

Salomón a gritos y voces los llamó pero no aparecían los trabajadores.

La reina quedó decepcionada al ver que, a pesar de tener todos sus poderes y riqueza, el rey no era capaz de mandar sobre los obreros, con  lo cual pensó que debía haber alguien “más poderoso” que él… y apareció Hiram Abiff.

A regañadientes, Salomón se lo presentó y ésta quedó fascinada.

Vio como Hiram, con una palabra suya, y a un signo, las legiones acudieron al trabajo sin ruido de martillos.

Al ver esta maravilla, Balkis se enamoró de Hiram y rompió su compromiso con el rey.

La reina de Saba representaba el alma de la humanidad dividida entre las 2 tendencias, la creadora de Caín y la contempladora de Abel.

Si se hubiese casado con el rey, hubiese expresado la renuncia y rechazo a la tendencia cainesca (creadora), desembocando a largo o corto plazo, otro desastre como el Diluvio.

El dilema de Balkis se repite en nosotros de forma constante cuando elegimos entre trabajar más para aumentar los ingresos o pasar más tiempo con la familia; cuando decidimos saciar nuestro apetito goloso o mantener la línea; cuando se contraponen la fe y el conocimiento.

 

Atte. : Un servidor

Sergio P.A.

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