Podemos afirmar, desde la óptica mística, que el Universo en el cual existimos es pura vibración en todas y cada una de sus infinitas partes. La tercera ley del Kybalion revela una verdad profunda: nada está inmóvil; todo vibra. Desde el giro imperceptible de un electrón hasta las corrientes cósmicas que tejen el espacio-tiempo, el universo es un concierto de frecuencias en perpetuo movimiento. Esta idea no es solo una metáfora poética, sino un puente entre la física y la metafísica. Cada pensamiento, emoción u objeto material emite una vibración única, y cuando estas frecuencias se encuentran, no chocan: danzan.
En este baile de energías, las ondas pueden reforzarse mutuamente —creando una sinergia que amplifica su poder— o anularse, disolviéndose en la quietud. Este fenómeno, descrito por el principio de superposición en física, tiene un paralelo revelador en nuestra experiencia humana: cuando nos exponemos a vibraciones afines a las nuestras, nuestra energía se eleva; cuando nos sumergimos en frecuencias discordantes, nuestra luz puede opacarse. Seguir leyendo









Efemérides masónicas
Diálogo entre masones – Febrero2021








